José Luis Luege

El pasado 1° de octubre amanecimos con una noticia inesperada y lamentable; el Presidente Enrique Peña Nieto decretaba la transformación del Nevado de Toluca de Parque Nacional en Área de Protección de Flora y Fauna.
El Parque Nacional Nevado de Toluca fue decretado en 1936 por el Presidente Lázaro Cárdenas y en el texto del decreto se fundamenta la decisión en la importancia estratégica de la zona por su enorme capacidad de captación de agua. La superficie considerada del parque fue de 46,784 hectáreas de bosques de pino y oyamel, junto con un gran número de especies de flora y fauna. Este bosque es una verdadera fábrica de agua para el Valle de Toluca y de Lerma y en buena parte del Sistema Cutzamala y por lo tanto también lo es para la Ciudad de México.
Por más justificaciones que traten de dar las actuales autoridades de la SEMARNAT, yo no encuentro justificación. Por supuesto que se está rebajando el nivel de protección de la zona a una mínima expresión; en el decreto se lee que la zona núcleo se reduce a tan sólo 1941 hectáreas que corresponden básicamente a los cráteres del volcán, el resto queda como área de amortiguamiento donde se permitirán otros usos del suelo. Esto representa una burla al compromiso ambiental de México con el mundo y una vergüenza que ninguna autoridad ambiental, asociaciones y grupos ecologistas se hayan expresado en contra.
La argumentación del Estudio Técnico Justificativo resulta patética; afirma que: “…no obstante su importancia ambiental, presenta fuerte deterioro relacionado con cambios de uso de suelo forestal a agrícola, ganadero, minero y urbano. Los efectos negativos son innumerables por la desaparición de enormes extensiones de bosques, por la tala clandestina, agotamiento de manantiales, pérdida de suelo y concesiones mineras..” Esto representa la claudicación de la autoridad frente a la violación de las normas ecológicas y la impunidad como siempre de los grupos de invasores, taladores y desarrolladores urbanos.
Qué nos está pasando en nuestro México; no me gusta hacer comparaciones, pero pongo como ejemplo el Parque Nacional de Yosemite en Estados Unidos, decretado en 1864 y con una superficie 10 veces mayor al de Nevado de Toluca. Hoy Yosemite no sólo se mantiene como uno de los lugares más bellos de su país, sino que cumple con las condicionantes establecidas desde su origen; su función principal es la conservación, pero los servicios ambientales que presta son invaluables además de su importancia turística que representa un ingreso económico importante para su mantenimiento.
¿Qué hay detrás de esta decisión casi secreta sobre el Nevado de Toluca?: como siempre, y muy triste para México, son los malditos intereses económicos de unos cuantos, la destrucción del bosque para construcción de vivienda, aunque se quiera justificar como de “baja densidad”, —ya sabemos lo que esto significa—; continuar con absurdas e ilegales concesiones de “bancos de materiales”, que significa perder el bosque para sacar “piedras” con toda la degradación del suelo que esto conlleva y actividades agrícolas y pecuarias contrarias a la vocación del bosque.
Si ya se tenían detectadas las actividades ilegales de tala, invasiones y bancos de materiales, ¿por qué en lugar de corregir se escoge el camino fácil de “hacer legal lo que es ilegal”? Si continuamos por este camino estamos perdidos.
La zona centro de la República continúa con una degradación ambiental acelerada, en el DF también hemos perdido gran parte de los parques nacionales, por ejemplo, el Cerro de la Estrella, Cumbres del Ajusco, El Tepeyac y Fuentes Brotantes.
Me parece que la solución está en los planes de manejo; en involucrar a las comunidades que habitan o cercanas a los parques en las actividades de conservación como el Pago por Servicios Ambientales que contempla la Ley.
El futuro de México está en la preservación del medio ambiente. Este decreto es un error más que deberá revisarse y corregirse.